El viernes 2 de octubre, noche con flecos, baile y mucho que celebrar en La Frontera regresó a La Frontera, en Collado Villalba, para sumarse a su 30.º aniversario. Una noche de cercanía con el público, complicidad con la sala y momentos en los que la música encontró aliados inesperados.
Treinta años de música merecen una celebración. Detrás de ese aniversario hay noches de conciertos, gente que vuelve, canciones que acompañan y un escenario por el que siguen pasando historias. El viernes nos tocó aportar la nuestra, y lo hicimos con muchas ganas de reencontrarnos con La Frontera y su público.



Volver a una sala conocida tiene algo especial. Reconoces el espacio, recuerdas otra actuación y, al mismo tiempo, sabes que el concierto será distinto. Porque cambian las personas, cambia el ambiente y cada noche encuentra su propia manera de ponerse en marcha.
Esta, además, traía un estreno en el vestuario: el Fringe Suit. Los flecos pisaban por primera vez el escenario con nosotros. Un detalle que también forma parte de nuestra manera de acercarnos al universo de Elvis: la música en el centro y, alrededor, una presencia escénica que acompañe a las canciones.
La cercanía que da el directo
Uno de los regalos de tocar en una sala como La Frontera es tener al público ahí mismo. Ver las caras, percibir las reacciones y descubrir cómo una canción empieza a encontrar respuesta al otro lado del micrófono.
Entre los recuerdos que nos llevamos está una pareja que se animó a bailar. No llegamos a quedarnos con sus nombres, pero sí con la imagen. Desde el escenario, esos pequeños momentos cuentan mucho: mientras nosotros estamos pendientes de tocar, cantar y escucharnos, alguien convierte la música en baile y nos recuerda para qué estamos allí.



«Polk Salad Annie» encontró su luz
Si tenemos que escoger uno de los pasajes más especiales del concierto, «Polk Salad Annie» tiene su sitio. Los efectos de iluminación nos sorprendieron sobre el escenario y nos sumamos a ellos, jugando con lo que estaba sucediendo. La luz y la interpretación acabaron encontrándose, y el tema ganó una fuerza visual que surgió allí mismo.Hay mucho trabajo previo detrás de un concierto, pero también están esos instantes que nadie ha ensayado. Reconocerlos y responder juntos es una de las satisfacciones de tocar en una banda. En «Polk Salad Annie» tuvimos una de esas conexiones que se disfrutan mientras suceden y se comentan después.
Una sala que acompañó
A medida que avanzó la noche, el ambiente se fue animando y el público participó cada vez más. Esa respuesta nos acompañó durante la segunda parte y hasta el tramo final, en el que sonaron «Burning Love» y «A Little Less Conversation».
Desde nuestro lado del escenario, sentimos las ganas de fiesta y el cariño de quienes estaban allí. Cada concierto exige escuchar lo que pasa en la sala, y el viernes tuvimos delante a un público dispuesto a entrar en las canciones y compartir la celebración.


Un recuerdo más para estos treinta años
Gracias a quienes vinisteis, a quienes os acercasteis a bailar y a todo el equipo de La Frontera por hacernos parte de su aniversario.
Felices treinta años, La Frontera. Nos alegró ponerle música a un pequeño capítulo de vuestra historia.
Graceland Groove Revival



