Anoche Talavera de la Reina nos abrió los brazos —de verdad— y nosotros entramos en ellos sin reservas. El Koyote Salón demostró por qué es, sin discusión, un lugar de referencia en el mundo rockero: por su sonido, por su atmósfera y, sobre todo, por su gente. No podíamos haber imaginado un hogar mejor para esta celebración.




Desde el primer acorde supimos que no iba a ser una noche más. Nos entregamos por completo a un público que cantó, bailó y empujó cada canción, como si Elvis siguiera estando ahí, caminando entre nosotros. Hubo comunión, sudor, sonrisas y esa electricidad que solo aparece cuando la música deja de ser espectáculo y se convierte en experiencia compartida.
José Koyote nos lo puso fácil, confiando en nosotros y apostando alto. Y se lo agradecemos de corazón. Porque cuando el listón está alto, nacen las noches grandes: esas que te piden lo mejor… y te lo devuelven multiplicado.




Celebramos el cumpleaños de Elvis como más nos gusta: con música en vivo, con respeto, con alegría y con el corazón abierto. Y cuando el reloj cruzó la medianoche del día 10, la fiesta se redobló: celebramos también el cumpleaños de nuestro bajista, Julio Prada, en uno de esos momentos que solo el escenario sabe regalar.

Fue una noche mágica. De esas que no se explican del todo. De esas que se reviven en fotos, en vídeos… y en la memoria.
Gracias, Talavera.
Gracias, Koyote Salón.
¡Nos vemos pronto!





